Heme aquí, sentada mirando hacia la ventana. Hoy, tan sólo un día más. Caluroso, soleado, infernal. Estás a mi lado, tu voz se esfuma, callas. Comienzo a acostumbrarme a tu silencio, mientras el aire acaricia mi rostro.
Tomo tu mano fría, seca, tan ajena a mí. Espero con tristeza esa palabra que me llena de felicidad al escucharla, pero sólo recibo tu adiós, acompañado con tu mirada vacía.
Te diriges por aquel pasillo, sin mirar hacia atrás aquellos rostros desconocidos. Bajas del autobús, te volteas, dibujándose a penas una sonrisa en tus labios, sólo eso.
Pero como todos los días, confío, en aquel gesto tuyo que me demuestra que mi espera y mi paciencia valdrán la pena. De lo contrario hasta entonces será mi adiós definitivo.
Sem comentários:
Enviar um comentário